Acerca del poemario Katharsis de Eduardo Barros
- Mayra Cotes

- 29 abr
- 2 min de lectura
Es Katharsis la más reciente obra de Eduardo Barros, son poemas que compiló en cuatro capítulos, agrupados así de una forma caprichosa, muy escondida en sus razones, ordenados al azar en tiempos y temáticas, mostrando todas sus polifacéticas caras; el conocedor de la ciencia, el aprendiz de la mística esencia de las plantas de la Sierra, el hombre caribe, el amante, el ser contemplativo y narrador de su entorno y el hombre festivo que goza de la danza y el tambor.
La motivación a publicar se dio esta vez por la serendipia de hallar unos escritos que se amarillaban escondidos en su biblioteca, encontrados por su amada que buscaba organizar sus libros. Escritos noventeros de un Eduardo lejano con una realidad distante de la actual, pero que le reafirmaban su esencia poniéndole toda su cosmovisión en atender este nuevo reto de cuidar de su salud, de aprender sobre: antígenos, rangos normales de indicadores de enemigos, que le permitieran cambiar pronósticos desoladores por consideración de tratamientos sanadores. Escritos de estos días, inspirados en los escenarios gélidos de los hospitales y en los retornos cálidos a casa con sabor a triunfo, de una nueva batalla ganada, con un nuevo sentido de hogar cuando por fin podía sentirse libre de escribir para sanar.
De experimentar la meditación y el dialogo interno con sus mismísimas entrañas cuando agradecía al veneno que en sabias dosis habría de devolverle la esperanza.
“Escribir me salva” dijo alguna vez Eduardo, y fue para mí la epifanía de mi propio sentido. Resonó en mí esa frase como si él se la hubiese arrebatado a mi lengua. No hay mayor verdad que esa y en esta ocasión la frase brilla con majestuosa coherencia siendo el arma elegida para restaurar su ser.
Katharsis es el crisol en el que se maceraron las hojas de este árbol medicinal que lo habita, de la sal de su mar, del sudor de sus caminatas crepusculares, el fuego de sus palabras, la magia de sus letras y se amalgamaron en este todas sus fascinantes esencias. Es el recipiente de la poción curativa que hoy nos devela al hombre dueño de su propia alquimia, sano y salvo.
EL GUERRERO SALIÓ VICTORIOSO.




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