MI PAPÁ: CARLOS COTES.
- Mayra Cotes

- hace 6 días
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Actualizado: hace 1 día


A mi papá y a mis amigas les dediqué mi más reciente libro "YO MUJER ÍNTIMO
E INCÓMODO".
Acá te comaparto que fue lo que escribí sobre él:
"Y también dedico este libro a mi papá Carlos Alberto Cotes Diazgranados. Que siendo un macho alfa, pecho peludo, lomo plateado, voz de espartano, aun así, muchas veces funge como mejor amiga, me acom paña a hacer compras, tomamos café, se cala mis presenta ciones, aunque muchas veces se aburra, chismeamos, escucha estoicamente mi verborrea, me acepta conversaciones sobre otredades, feminismo, responsabilidad afectiva, en fin, reduciendola diría, en un acto de ingenuo optimismo. Retiro las corazas de su caparazón de masculinidades malsanas, crianzas desapegadas, verdades inculcadas por sociedad y prejuicios, y bajo ese embalaje encuentro una gran compañía, a mi compinche ideal, mi compañero de salidas, mi respaldo".
Mi papá, como pueden ver, siempre ha sido un "bollito" (si no eres de la Costa Atlántica colombiana, te cuento que usamos este término para designar a alguien hermoso, bello, buen mozo). Él lo sabe y le saca provecho. Es carismático cuando quiere, pero tiene una batería social de baja duración; por eso prefiere aislarse en su casa por largos periodos para dedicarse a lo suyo: reparar aparatos, construir otros, coleccionar tornillos oxidados que atesora en tarros de todo tipo, leer, hacer crucigramas y resolver retos de escritura en su celu. Para él, la soledad es sinónimo de plenitud.
Cuando viviamos en familia nunca cocinó porque "eso no era de machos", pero ahora que vive solo se da el lujo de explorar en la cocina, rediseñando y rebautizando platillos. Creó, por ejemplo, el "pescado de arroz", su versión suculenta y generosa en proteína del tradicional arroz de pescado. Sólo concibe las ensaladas de tomate y cebolla, lo demás para él es "mafafa". Creo que cuando come en mi casa y sirvo algo verde, su cabeza lo traduce como mero pasto; igual se lo come, aunque mirándolo como gallina que mira sal.
Me gusta hablar con él; es de las pocas personas con las que puedo ser yo misma y no morir en el intento. La conversación se vuelve retórica: él pide mi punto de vista ante ciertas situaciones para buscarle respuesta al complejo comportamiento humano, mientras yo lanzo teorías a diestra y siniestra sobre el actuar ajeno, interpretando traumas de infancia y estereotipos. O, por el contrario, nos volvemos muy banales y rajamos del prójimo sin miramientos, burlándonos de nuestras propias anécdotas y resignificando el pasado. Lo que en antaño fueron dramas y disgustos, ahora se transforma y se ríe de mis apuntes aunque sean a costa suya. No se ata a sentimentalismos y es absolutamente práctico en sus relaciones.
Fue bibliotecólogo de la universidad de la que me gradué, y luego estudió para ser profesor de matemáticas y física; profesión que ejerció en la misma universidad, tambien dictaba la asignatura de técnicas de redacción, Pienso que su profesión lo define mucho,"hombre de letras, números y muy estructurado".
No siempre hablamos como lo hacemos ahora, creo que quitarse de encima el estigma de tener que criarme aligeró nuestra relación hasta el punto de ser dos adultos que conversan y se la llevan bien, otras veces se nos cambia y rol y soy yo la mamá que lo acompaña al médico, explico por él los téminos técnicos de los diagnósticos , le traduzco los procedmientos que le van a practicar o lo regaña por sus creativa automedicación cuando resulta totalmente desatinada.
Disfruto mucho su compañía y me encanta que es un "siempre dispuesto" se le apunta a cualquier plan y es de las pocas personas con la que yo siento que tambien disfruta estando conmigo.


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