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  • Foto del escritorMayra Cotes

Nunca pensé llegar a ser ”tan vieja”.

Tener cuarenta, no, eran demasiados. De niña creía que los treinta eran la cumbre y después, ¿Cuál después? Ya todo terminaba.


La vida me daba la impresión de ser dolorosa y estaba convencida que vivir más allá de los treinta era prolongar una agonía innecesaria. Me atormentaban los meteoritos que amenazaban con destruir la tierra, las catástrofes, el agujero en la capa de ozono y todas esas predicciones fatalistas. O Tal vez era que en mi cerebro quedaban restos de información de la época medieval donde el buen cólera o la disentería no permitían palpar la vejez y esa información me condicionaba a no visualizarme anciana.


No fue sólo mi impresión, la vida sí resultó ser muy dolorosa, exigente de fortalezas y destrezas que dificultan su goce. Y toca ser muy estratégico para arrebatarle instantes de felicidad, como si alguien le echara arena a tu plato de arroz y para conseguir alimentarte debes escarbar entre dificultades y adversidades, así se le escarba la felicidad a la vida. Otra estrategia es vivir distraído y masticar tu arroz con tierra ignorando el crujir de tus bocados, pensando en otra cosa mientras los masticas.


Sin saberlo mi profesión me fue preparando para esta selección abstracta. Inicialmente yo identificaba, contaba, separaba diminutas larvas de insectos y demás invertebrados del fondo fangoso de ríos y lagos. Y esta tarea tediosa la realizaba estoicamente esperando que al final me contara algo que estuviera pasando en ese momento en ese cuerpo de agua. Con el tiempo conocí la paleolimnología (si, tiene un nombre muy raro) y ésta estudia los sedimentos de los lagos que pueda que ya ni existan y no sólo te cuenta que pasó con el lago miles de años atrás si no que pasó con toda la cuenca que lo alimenta miles de kilómetros a su al rededor y todavía más allá, puedes saber su futuro. Es como el cuento de las mil y una noches, de una excavación emanan historias como fuente y reconoces de inmediato la fascinación que te produce poder armar como rompecabezas ese cuento que tomó miles de lustros inventarse.


Yo he logrado escarbarle mi arroz a la arena creando historias, inventando mis propias mil y una noches y creyéndome el cuento de ser escritora. El futuro y la edad se volvieron dos conceptos inocuos, porque si algo he aprendido es que cada día trae su afán que hay que vivir el ahora. Planificar el futuro es sacarle carcajadas a Dios, resulta inútil cuando la vida decide estremecerte. Constantemente, te desacomoda y debes aprender que es movimiento, transformación constante. Nada trasciende, o te adaptas rápido a los cambios o ya no haces parte del cuento. Y sobre la edad he ido aprendiendo que es como dice el chiste " la definición de joven es, aquel de tu edad o menor que tú”. Y que sin importar cuál sea el número de años que te separen de tu nacimiento, en todos eres hermosa y capaz. Te han dado experiencia y te han brindado la oportunidad de hacerte mejor y más sabio. Llegué a los 40 y aún me falta mucho por hacer. No distingo aún dicha cumbre, tengo mucho qué cuidar, así que no me puedo dar el lujo de pensar en finales.



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